20 de noviembre de 2013

Cómo Empezar a Quererte a Ti Mismo


Imagina por un momento que decides ir a hacerle una visita a tu abuelita. Ésta, cada vez que vas a verla saca todos los álbumes de fotos de cuando eras pequeño, los pone frente a ti y comienza a narrarte de nuevo cada una de las travesuras de cuando ibas en pañales... Así pasa la tarde hasta que
también, como cada vez que vas a verla, comienza a hablar de lo "hermoso y gordito" que te has criado siempre...

En ese momento un "espíritu inquisidor y mandón" se apodera de tu dulce abuela y comienza a mirarte con otros ojos, a decirte que:
  • "estás muy delgado
  • "que ya no comes como antes
  • "que no eres el mismo
  • "que has cambiado
  • etc, etc, etc... 

Pero también te dice que tiene el remedio:

 ¡Un gran bizcocho con nueces 
para que te lo meriendes con un buen vaso de leche!

Tú, educadamente y con la mejor de tu sonrisas, intentas convencerla con comentarios como: 
  • que ya has comido
  • que no tienes apetito
  • que no se tenía que haber molestado
  • que estás un poco lleno... 
¡Pero no sirve de nada!, ¡tu abuela insiste, insiste e insiste!... y comienzas a temerte lo peor... ¡que te vas a terminar comiendo otra vez, como en la última visita, el gran bizcocho y un buen vaso de leche!

Acorralado por la carita de pena de tu abuela e invadido por comentarios tales como:
  • ayyy que bonito eras de pequeño cuando comías más 
  • que feliz era yo viéndote merendar 
  • que pena que ya no sean las cosas así... 
¡Terminas por zamparte el peassso bizcocho
 y un par de vasos de leche!

¡Misión cumplida, tu abuela ya es feliz!, ¡ya te has comido la merienda como cuando eras pequeño y ahora... hasta la próxima visita! 

Y ahí sales tú de la casa de tu abuela, con casi dos kilos de bizcocho en el estómago y un litro de leche... pero lo peor viene al par de horas cuando tu estómago te empieza dar señales de que aquel "hormigón armado de harina, leche y trocitos de nuez" es muy difícil de digerir para alguien con una severa intolerancia a la lactosa y alérgico a los frutos secos... ¡y así terminas de pasar el día con unos ardores de estómago increíbles y una pesadez que te deja K.O por completo!

¿Te suena de algo esta situación?... Si lo prefieres puedes cambiar el personaje de la abuelita por un vendedor de colchones pesado que te pilla a la entrada del supermercado y te "roba" a mano armada una hora de tu tiempo para venderte algo que no te hace falta, o algún comercial que te intenta convencer de que con la nueva tarjeta del supermercado tu vida será mejor y más fácil...

Da igual los personajes, da igual el contexto... es probable que en esas situaciones termines haciendo algo que no quieres: 
  • la digestión de 2 kilos de bizcocho
  • comprando un colchón que no necesitas
  • haciéndote una tarjeta de cliente... 

¡...y luego te quedas tú ahí diciéndote lo tonto que has sido de nuevo, 
el tiempo que has perdido, que no sabes imponerte...!


Piénsalo por un momento...
  • ¿Cuántas veces en tu vida has perdido un tiempo precioso en atender a alguien por ser educado sin querer hacerlo?
  • ¿Cuántas veces has hecho algo que en realidad no querías hacer o no te interesaba?
  • ¿Cuántos vasos de leche te has tomado teniendo intolerancia a la lactosa?

Quiero darte una solución para que empieces a quererte a ti mismo, para ponerte en tu sitio y hacer respetar tu tiempo, gustos e ideas.

La clave la tenemos en la unión de la decimocuarta letra del abecedario (N) con la decimosexta letra del mismo (O).

Quedaría de la siguiente manera: N + O = NO. Sencillo, ¿eh?

Puedes utilizar esta poderosa palabra (NO) para hacerles saber a aquella personas que quieran "imponerte" alguna cosilla que tu idea es otra distinta. Si acaso encuentras esta palabra un tanto fría puedes acompañarla de otras palabras tales como:
  • Gracias. Quedando la frase: "NO, Gracias"
  • Discúlpeme. Quedando la frase "Discúlpeme, pero NO"

O si lo prefieres también puedes acompañar esta palabra (NO) con una amplia sonrisa y la palabra Gracias... ¡esta fórmula es ideal para comerciales que quieren que te hagas de tal o cual ONG para salvar el mundo!

Esta pequeña y simple palabra puede ser uno de los mejores pasos para empezar 
a hacer valer tu opinión, para empezar a quererte a ti mismo, para comenzar a respetar tu tiempo y para hacer saber qué es lo que quieres en tu vida y lo que no...

"Gracias, pero NO"... ¡prueba a usarla si la necesitas!

Muchas gracias por tu atención, te dejo porque tengo que ir a merendar a casa de mi abuelita... ¡hoy hay 2 docenas de rosquillos de azúcar con un par de vasos de leche!


2 comentarios:

  1. Hay veces que el no te lo imponen, y tu quieres comerte ese bizcocho pero no te dejan mi comerlo mi compartirlo, que sería lo ideal

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    1. Anónimo, muchas gracias por tu comentario. El caso que comentas viene a reflejar el otro lado del problema, es decir, cuando es a ti a quien le dicen NO. A lo que yo me refería con mi entrada era a empezar a utilizar la palabra NO como signo de respeto de tu tiempo, de tus ideas y de tu persona... todo ello con la sana intención de terminar haciendo aquello que no quieres.
      Respecto a lo que tu comentas..., ¿sabes que te recomiendo? Coge todo el bizcocho y sal corriendo!!! ;) jeje!!
      Muchas gracias de nuevo por tu comentario, un abrazo!!!

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